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domingo, 2 de agosto de 2009

La Desventuras del Joven Werter (W. Goethe)



Hay tanto por decir de las desventuras de este joven que me temo que la presente publicación, como tantas otras, se quedará corta. El amor de werther por Carlota es uno de esos amores que esconden suicidio, uno de esos amores que matan. Sin embargo, nada estuvo nunca escondido al joven desventurado que ya desde el inicio de la novela es advertido:



"- Va a conocer a una muchacha muy Hermosa.



- Me anunció mi pareja al cruzar el extenso bosque que conduce al pabellón de caza.



- Tenga cuidado de no enamorarse… -añadió la prima. ¿Por qué?. Porque está ya prometida con un joven caballero."



He ahí la desventura, encontrar el amor pero llegar tarde y encontrarlo prohibido. Aunque claro, quizá la desventura no es aquella sino el hecho de que, en tanto animales humanos, solemos prendarnos con más ardor de lo prohibido. Lo que nos confunde al amor con el capricho y abre la puerta de las dudas y las especulaciones. ¿Que tan sincero será el amor de quien nos ama sabiendo que no podremos corresponderlo? ¿No es aquella la más cómoda de las posiciones: prometer y prometer sabiendo ajeno el peso de la prueba, de la demostración?


- ¡Domínese por un momento, Werther! ¿No comprende que se equivoca, que se dirige voluntariamente a su propia perdición? ¿Por qué he de ser yo, precisamente yo, que pertenezco a otro? ¡Me temo, si, me temo que esta imposibilidad de conseguirme es lo que más enciende su deseo!"



Este es el paréntesis en el que se contiene la tensión de la historia de werther, cuya exclamación inicial bien podemos entender a la vez como su mejor sentencia final: "¡Que contento estoy de haber partido!"


La triste historia de werther y Carlota, como la de Romeo y Julieta, tiene su asidero en la vida real, pero a diferencia de estos últimos la tragedia de los amantes alemanes no llegó a oídos del escritor gracias a los ecos de la tradición oral, sino que fue sufrida en toda su plenitud, bueno casi toda, por los desgraciados huesos del desventurado Goethe.

Wolfgang Goethe



Goethe por cierto, y para que se hagan una idea del ánimo del autor para el amor, se ganó su puesto en el hall de la fama de los amantes más bien por su particular relación de inmortalidad, como la describirá Kundera, con Bettina von Armin. No obstante, Don Johann resultó ser un libertino y al tiempo un romántico que sufriría el amor con un número amplio de amantes de las que algunas terminarían trascendiendo los límites de su realidad para instalarse en las páginas del insigne escritor. Entre ellas Charlotte Buff.

Doña Bettina von Armin



Según el Estudio Preliminar de José Miguel Mínguez que se lee en la Edición de Bruguera el evento sucede en la vida de Johann W von Goethe tras su llegada a Wetzlar, una pequeña localidad a orillas del Lahn a la que se desplaza para completar su práctica jurídica en los Archivos del Tribunal de la Cámara Imperial. Tal población es el escenario en el que el escritor se conoce con la ya mentada Charlotte Buff, hija de su monitor de aquellos días y prometida de Christian Kestler, secretario de legación en Hannover a quién Goethe también conoce pero con quien resultan ser "naturalezas diferentes por completo."

Doña Charlotte Buff



No obstante, "la relación de los tres era bastante cordial. Las hermanitas de Lotte acogían bien al joven estudiante, y todo parecía como preparado para las escena más idílica." Que evidentemente no se dio y cuya ambivalente posibilidad generó tal tensión en el afligido ánimo del escritor que este decidió alejarse y partir en secreto.



Cuenta Mínguez que lo más seguro es que la conversación que antecedió la partida, de la que sólo el escritor era consciente ya que se marchó sin dar aviso, que terminaría con el trío Goethe, Buff, Kestner, se desarrolló casi que idéntica a la que se presenta en el libro con fecha del 10 de Septiembre de 1771, la novela se desarrolla de manera epistolar, y en la que, curiosamente y por culpa de la luna, el tema central fue la muerte y los muertos:



"- Al pasear al claro de luna, recuerdo siempre a las personas queridas que han muerto, y me impresiona el sentimiento de la muerte y de la eternidad. […] ¿Nos volveremos a encontrar Werther? ¿Nos reconoceremos? […] ¿Saben algo de nosotros los amigos que perdimos?…"


A la mañana siguiente Goethe abandona Wetzlar para mantener una correspondencia más bien flaca y espaciada con la pareja de amigos, a los que más tarde se ocuparía en conseguir los anillos de compromiso y quienes, acaso movidos por una cauta precaución, le anunciaron con un inocente pero conveniente retrazo que su boda se había realizado el 4 de abril de 1773. En la novela podemos encontrar una alusión a tal retrazo en la carta del 20 de Febrero de 1772:



"¡Dios os bendiga, amigos míos, y os conceda toda la felicidad que a mi me escatima!No te guardo rencor, Alberto, por haberme engañado"


Allí terminaría la historia para Goethe. No así para Werther quien luego de la noticia de la boda, y en medio de su alejamiento de la pareja, empieza a vivir un periodo de exilio y exclusión no sólo del amor sino también del entramado social: pierde el interés en el trabajo al que tan sólo se había aferrado para olvidar a Carlota pero que ahora, sin tener ya nada para olvidar, le resulta agobiante e insulso. Y sufre además, en pleno cóctel, un desaire social. El amor y la sociedad le dan la espalda.



Inicia entonces un periodo de errancia cuyo objetivo es encontrar un lugar en el cual asentarse, un espacio al cual pertenecer, un hogar. Pero ¿quién fue el que dijo que el hogar de un hombre es su amor? Y el amor de Werther es imposible, prohibido, por tanto nuestro héroe no es más que un despatriado, un desarraigado. Algo así como un pordiosero sentimental.


Como es de esperar esta errancia lo lleva, como en la canción de Cortazar, "a los viejos sitios en que amó la vida" tan sólo para comprobar "como están de ausentes las cosas queridas." Y así, de tumbo en tumbo, termina regresando a Carlota. La cosa es que la ausencia de Carlota no es aquella ausencia fría y distanciada sino aquesta otra que se describe mejor con el título de la película de Wim Wenders: Faraway, so close! ¡Tan lejos y tan cerca!



Werther no le es indiferente a Carlota y la pobre y bella y joven Carlota se encuentra dividida entre el amor por su esposo, Alberto, y la confusión que le despierta el joven desventurado, con quien comparte una gran cercanía espiritual y cultural. He allí el incendio y la tensión. La infidelidad, por ejemplo, no es solución ni alternativa para este triángulo en el que tampoco cabe el Ménage a Trois.


Sencillamente uno de los tres sobra y Werther, y junto con él uno como lector, lo entiende. Empieza entonces a rodar en la novela una ruleta de tres posibilidades:


1. No es mía no es de nadie: La mato a ella.


2. Desaparezco al paisano que estorba: Lo mato a él.


3. Mejor muerto que resignado: Me mato a mí.


Y el joven Werter es la esfera blanca que uno no sabe en dónde va a parar. Eso claro hasta que sucede aquel beso, el único y el último, que definitivamente detiene la incertidumbre de tanto girar:


"Sus suspiros se turbaron, le estrechó las manos y las apretó contra su seno; se inclinó hacia él con ternura y sus ardorosas mejillas se rozaron. El mundo desapareció para ellos. Werther la tomó en sus brazos, la estrechó contra su cuerpo y cubrió sus labios trémulos y balbucientes de frenéticos besos.[…] Carlota se incorporó con brusquedad, temblorosa, entre el amor y la ira, exclamando con angustiosa excitación:- ¡Jamás volverá a verme werther!"

Y efectivamente no la vuelve a ver, unas páginas más adelante suena el disparo más controversial de la historia de la literatura:

"Un vecino vio el fogonazo y oyó la detonación, pero como todo se mantuvo tranquilo, no presto mayor atención."

No tengo claro por qué o desde cuándo se asumió el equívoco de que el balazo desventurado tuvo como objetivo destruir el corazón del joven Werther. No hay tal, el corazón de Werther lo destruyeron entre Carlota y el propio Werther, no el proyectil vomitado por el caño del arma mortal:


"Se había disparado un tiro sobre su ojo derecho […] estaba calzado, y vestía el traje azul con chaleco Amarillo."





Según parece tal escena también es tomada de la vida real y se correspondería con el suicidio de Jerusalem, un antiguo conocido de Goethe quien asistiera con él al baile en Volpertshausen la noche en que el escritor se conoció con Charlotte y que llegó a tal instancia, unas pocas semanas después del viaje secreto de Goethe, cercado por un amor imposible.



¿Por qué resultó controversial el disparo? Veamos si me puedo explicar. El libro pasó a ser algo así como una especie de manual para aspirantes al suicidio. Los jóvenes arios llegaron incluso a vestir como Werther, todos tercos y eternamente uniformados con:


"Me ha costado mucho decidirme a desechar la casaca azul que llevaba la primera vez que bailé con Carlota. Estaba ya muy usada. Me he hecho confeccionar otra igual, con cuello y solapas parecidas, un chaleco amarillo idéntico a aquel, así como unos pantalones de la misma tela y color que los de aquel día."


Un único Werther caminaba entonces, igual de introvertido y distanciado, casi que por toda Europa. Un sólo Werther cuyas replicas resultaron igual de atravesadas por aquel proyectil que les borró de la vida.Tantos se suicidaron de tal manera, lamentablemente no he podido encontrar cifras, que en 1974 el doctor Phillips acuñó el término: "El Efecto Werther" pretendiendo referirse con él al conjunto de muertes voluntarias que suelen replicar y servir de eco al estruendo de un suicidio mediatizado.


Para que se hagan una idea del alcance de este eco en particular, valga mencionar que el mismo parece haber alcanzado, el libro fue incluido en el index romano (Index Librorum Prohibitorum et Expurgatorum) y estaba prohibido en Dinamarca y en casi todos los países católicos. De nada había servido que para la segunda edición, en 1781, Goethe, por recomendación de Lessing, su editor, hubiese añadido al libro los célebres versitos que terminan:
"… Sei ein Mann, und folge mir nicht nach!"
"¡Se un hombre y no sigas mi camino!"


Pero la polémica con Werther va mucho más allá de sus perniciosos efectos endemoniados, cuestión que apenas aumentó la popularidad del libro y del autor. Vale la pena mencionar brevemente, y de manera general, dos aspectos que resultan mucho más interesantes:


1. Werther, ¡en pleno 1774!, fue un espaldarazo a la razón y un abrazo a la pulsión, a lo que se siente. Una batalla que atraviesa todo el siglo XVIII y que enfrenta al Sturm und Drang (Tormenta e Impulso) alemán, contra el enciclopedismo ilustrado francés:"Por otra parte, me apena también que el príncipe confíe más en mi inteligencia y en mis habilidades que en mi corazón, que constituye mi único orgullo, el manantial del que todo brota: la fuerza, la felicidad, la desgracia. ¡Ah! Cualquiera puede saber lo que yo sé, pero mi corazón es sólo mío."


2. La novela legitima el acto suicida. No se puede juzgar a un suicida así como no se puede juzgar a un alguien muerto de cáncer, tanto el uno como el otro mueren a consecuencia de una enfermedad que supera sus fuerzas, la una físicas y la otra intelectuales. Ambos muertos son entonces inocentes de sus muertes pues a ninguno de los dos se le podría exigir el que no resultara muerto a causa de una enfermedad mortal. ¿Se le puede exigir a un enfermo Terminal que se mantenga con vida hasta que ocurra un milagro, hasta que se descubra su cura?"Vamos a considerar como enfermedad mortal la que ataca al cuerpo con tanta violencia que destruye, o elimina en parte, las fuerzas de la naturaleza, de forma que ninguna crisis benéfica pueda reestablecer el curso de su existencia. Apliquemos ahora esto al espíritu. Contemplemos al hombre en su flaqueza, vemos como las sensaciones actúan sobre él, como las ideas se fijan en la mente hasta que la pasión, siempre mayor, acaba al fin con todo su poder de reflexión.El hombre razonable y sereno ofrecerá en vano sus consejos al desgraciado que se halla en tal situación. El hombre sano no podría transmitir al enfermo la más mínima parte de sus fuerzas.


Dos puntos bastante polémicos incluso en nuestros días y mucho más en 1774. Dos puntos sobre los que vale la pena reflexionar.Como anuncié al empezar bastante se queda en el tintero a pesar de lo largo que esto salió, pero basta ya por esta anotación. Claro que no me perdonaría terminar esta publicación sin compartirles antes este pequeño trago del werther que por supuesto me encanta. ¡Salud pues mis desconocidos amigos!



"¡Pasión! ¡Embriaguez! ¡Frenesí! ¡Oh, espíritus rectos! Injuriáis al borracho, despreciáis al insensato, pasáis de largo dando gracias a dios como el fariseo, porque no os hizo semejantes a ellos. Me he embriagado más de una vez, la locura se ha enseñoreado en ciertos momentos de mis pasiones, pero no me arrepiento de ni una cosa ni de otra. Porque he aprendido a comprender, dentro de mis limitaciones, que todos los hombres excepcionales que han llevado a cabo algo grande fueron considerados como borrachos o insensatos. […] ¡Avergonzáos, hombres tibios! ¡Avergonzáos, hombres sensatos!"





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Werther también ha sido adaptado como Ópera por el compositor fracés J. Massenet, la cual ha sabido conservar muy bien el espíruti de la obra de Goethe y transmitir gracias al don de la música los sentimientos del alma desventurada del joven Werther. Es por ello que dejamos los sguientes videos representativos de la Ópera en cuestión:


1.- Aria del segundo acto, en la cual el protagonista se entera del matrimonio del Charllote con Albert. Por ello, desesperadamente recrimina que otro es su esposo, donde su recriminación también va dirigida a Dios, debido a que si éste se la hubiera conservado para él, su existencia hubiera sido una ardiente plegaria.

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2.- Aria del segundo acto, en que Werther sabiendo que debe dejar a Charllote, ya que esta pertenece a Albert, apela a la muerte como la última salida, interpelando a Dios que como Padre debe aceptarlo como un hijo que ha terminado su viaje de manera anticipada.


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3.- Aria del tercer acto de Werter, que representa aquel fragmento del libro homónimo en que el protagonista junto con Charllote leen juntos los versos del poeta Ossian, lo cuales en su gravedad y dolor interpelan a los personajes debido al momento doloroso que viven, al reconocer directa o indirectamente los sentimientos de amor, culpa y desesperanza que ambos albergan. (Mi favorita =D)




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1 comentario:

  1. Muchísimas gracias por tu comentario de esta magnífica obra, una de mis favoritas, y que releo con asiduidad.

    Me ha encantado descubrir este post. Seguiré leyéndote.

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